Su Fantasma

mujer-solaEn una mañana cualquiera hay un hombre de sesenta y seis años observando a una mujer vestirse con botas oscuras, enagua oscura, camisa oscura, lentes oscuros…

¡Buenos días! ¿Para adónde vas de negro riguroso?

A su entierro.

¿Cómo? ¿Me morí?

Sí… lamentablemente. Hoy en la madrugada. Resistió a la operación pero luego se complicó.

¿Qué tenía, linda?

Cáncer en los pulmones.

¡A la puta! Pasame un cigarro.

Ya no tengo, me los terminé luego de su muerte. Y, además, así de fantasma no creo que pueda fumar.

¿Fantasma yo?

Sí  ¿Por qué cree que está en mi cuarto mientras termino de cambiarme?

¡Diay! ¡Creí que al fin se me había hecho!

No me haga reír que voy a llorar.

No, tranquila, recién caigo en cuenta que no compré la caja de viagra que te había prometido si me decías que sí. ¡Pues, sí! ¡Tenes razón! ¡Me morí! Ahora entiendo porque me siento tan bien.

¿Bien?

Sí, mamita. Ya no me duele la espalda, pensé que la Virgencita y el Padre Minor me habían hecho el milagrito pero no era eso. Mira, ahora sí me mataste de verdad, no como en los ejemplos aquellos  de las enfermedades que me contabas. ¿Te acordas? Me enfermaste de lepra, soriasis, tumores, diabetes, sida, esclerosis, alzheimer, ni tetas tengo y hasta un cáncer de seno me  pusiste. Y eso que decías quererme.

No lo estaba enfermando, lo hacía para explicarle diferentes reacciones en el cuerpo.

¡Ah, sí! Pero ¿por qué siempre a mí? Solo decías: “Vea, Don Luis, si usted padece de…” Y terminaba yo con pañales, no pudiendo asolearme, pelón, a dieta o sin poder culiar tranquilo. ¡Ingrata vos! Nunca enfermabas a ningún otro hijueputa, solo a mí. ¿Qué te costaba decir: “Vea, Don Luis, si Oscar Arias, Laura Chinchilla o Franklin Chang padecen de…”? ¡Ah, no! tenías que meterte siempre con esta eminencia… ¿por qué estás llorando?

Porque yo no lo maté, usted se murió.

Ya sé, ya sé. Intentaba obviarlo, mamita. ¿Sabes por qué te decía “mamita”?

Porque me dijo que era el diminutivo de “mamacita”. Que ya estaba haciendo el trámite para que lo incluyeran en el diccionario de la Real Academia Española.

¿Cuándo te lo dije?

Un día que me llevó al trabajo y yo le hablaba sobre el complejo de Edipo.

¡Ah, sí! Es que me asustaste  con eso de que uno quiere cogerse a la madre, a la madre de otro, tal vez pero a la propia está feo. Yo que a la mía ni la quería, menos le iba a estar echando el cuento.

Ya estoy lista. ¿Me quiere acompañar a su vela?

Mejor probate aquel vestido.

Es rojo, Don Luis.

¡Qué importa! Atendeme la excusa para verte sin ropa otra vez. ¡Más respeto para el difunto!

Por respeto me vestí de negro y voy a llorar hasta que las viejas chismosas comiencen a preguntarse qué me hizo para que lo sienta tanto, como usted me lo pidió ¿Se acuerda?

¡Sí! Dejame como los grandes delante de esas. Es más, acercate lentamente a esa caja donde me metieron, me ves y luego te vas a un rincón solitario viendo hacia la nada mientras lloras. ¡Voy a quedar altísimo!

Va a estar difícil porque hay demasiada gente en su vela. Es más, hacen fila para poder verlo, hasta llamaron de la televisión para saber si su muerte fue en serio.

¡No me digas!

Sí, asómese conmigo y verá.

Mejor quedémonos otro rato. Es la primera vez que estoy en tu cuarto, necesito detallarlo para que me crean cuando lo cuente.

Tan lindo y tan mentiroso. Lo que usted no quiere es constatar que dejó de estar vivo. Vamos, acompáñeme, necesito ir con su recuerdo.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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